Mujeres del Siglo 21

Ella. (De vuelta)

Astrid VenezuelaElla es una mujer que se levanta tempranito, que estudia o trabaja, que echa pa’lante, que usa yines lo mismo que vestidos, que a veces va en zapato de goma y otras se encarama en unos tacones. Que se maquilla de pie, en el vagón de metro o en el apretado pasillo de una camionetica. A la que no le tiembla el pulso en medio de un frenazo y se delinea a la perfección los ojos.

Ella, igual que tú y que yo, sufre, se enamora, se deprime. Le viene el período, le dan ataques de ansiedad, se enamora. Le gusta arreglarse el pelo y las uñas. Darse sus caprichitos. Ayudar en su casa. Salir con sus amigas. Sentirse libre y segura. Pero no puede.

Ella fantasea con poder comprarse un carro, una moto, una casa. Con un celular nuevo. Una computadora. Con darse un gustico e irse de viaje a donde sea. Con pagarse ese curso de photoshop o de inglés, de maquillaje o de cocina. Pero no puede.

Ella desea curar su malestar. Ganarle la batalla al cáncer. Lidiar con su diabetes o su hipertensión. Conseguir la medicina que necesita. O las toallas sanitarias. O los pañales de su chamo. O el desodorante que usa desde los 13 años. Pero no puede.

Ella adora ir al supermercado, distraerse entre anaqueles y productos, elegir qué cosas meter en el carrito o en la cesta. Tachar ítems en la lista de la compra. Elegir los vegetales, las frutas. ¿Caraotas o lentejas? , ¿Arroz o pasta?, ¿carne o pollo? Pero no puede.

Ella nunca fue de esas que se preocupan por el dinero. Jamás creyó ese cuento chino de ”chequera mata galán”, pero siempre supo lo que valían las cosas. Ella tiene no sé cuánto tiempo intentando entender el valor del dinero. Tan solo sabe que ya no le alcanza.

Ella tiene un sólido mes y algunos días sufriendo, a grito o en silencio el golpe certero de la realidad. Del ”no hay”. ”No se puede”. ”No lo haga”, ‘’Prohibido’’, ‘’No volverán’’. De los perdigones, los gases, las balas. De las noticias que aunque no se ven ya en los canales de televisión, cumplen ese presagio de ‘’las malas noticias siempre llegan’’. De unos periódicos cada vez más escuetos.

Ella tiene largas horas de cola, noches llenas de silencio. Un toque de queda tácito, implícito. La incertidumbre que se posa como pájaro de mal agüero. El dolor de miles de golpes, de cascos que golpean rostros, de manos que jalan el pelo. De golpes en las costillas con la culata de un fusil. De centenares de pasos dados bajo el sol, ondeando una bandera. Gritando una consigna. Soñando un país.

Ella está cansada de la vigilia. Del llanto oprimido. Del ‘’me lo mataron’’. ‘’Lo detuvieron’’. ‘’Lo violaron’’. Del ‘’no sabemos a dónde se lo llevaron’’. Del ‘’ ¿a quién se le reclama cuándo el malo es dueño de la ley?’’. Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa  ¿Dios se mudó? ¿A dónde?.

Ella-  que soy yo, yo tantas veces, tantos días – sortea el derecho ajeno de ejercer la ira. Ella – que soy yo a diario – trabaja y le pone el pecho al país del que viene, para no irse. Ella necesita hacer algo más, algo distinto. Ella piensa que un país herido se debe curar desde todos los costados. Ella ha vuelto, ella se ha puesto de pie para avanzar lo más que se pueda, para ser mejor.

Ella – que somos nosotras aquí y ahora – asume la responsabilidad de sostener la mano de cientos de mujeres que leen detrás de infinitas y distintas pantallas. Escuchar también es un deber. Estar, en sentido más amplio, es resistir.

 

La paciencia, todo lo alcanza. Y aquí, ahora se vuelve esperanza.

 

(A Victoria Sequera, por sus dos manos en estas letras)

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Escrito por Beatriz "Batita" González

Social Media Manager. Escritora de clóset. Fashionista con sueldo de tercermundo. A veces Batichica, otras tantas una tipa normal. Histérica un par de veces al mes. Adicta a los covers, a las películas en blanco y negro, y a los libros en inglés. Ambivalente y temperamental. Crío pajaritos preñados, mientras escribo sobre como ser una mujer independiente y antiparabólica. Enamorada de la política, del flamenco fusión, de la moda y de los amores imposibles. En palabras de Sabina tengo ''la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta''. Twitter: @Batita_Gonzalez

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