Mujeres del Siglo 21

De obsesiones, libros y hombres

Mujeres del siglo 21Entro a la oficina de mi jefe y veo que llegó el nuevo número de Orsai, le digo que me la preste porque me interesa leer la crónica de Melania Stucchi para conseguir musa. Tomo el metro, que extrañamente no tiene retraso y tiene puestos libres y comienzo a leer su artículo: Amores Obsesivos. Mientras lo leo no puedo evitar pensar en todas esas cosas que hacemos las mujeres cuando estamos obsesionadas con alguien.

Hace poco dejé de salir con un chico, las razones no importan. Lo realmente importante fue todo lo que ocurrió después: Mi obsesión por “hablar” sobre la situación en cuestión. Llamadas, mails, post, mensajitos y ninguna respuesta. Los comentarios de mis amigos decían algo como Deja el show, ustedes las mujeres se inventaron la “chispa/magia especial” y nosotros la usamos para llevarlas a la cama. Por otro lado, mis amigas Lau, es un cobarde, eres demasiado mujer para él. Todo esto me hacía recordar a He’s just not that into you. Para colmo, mientras escribía este post sonaba de fondo Somebody that I used to know solo para recordarme que a veces los hombres se creen el cuento de la “chispa/magia especial”, tal como Tom en 500 days of Summer.

Esto de la obsesión suele ser bastante común cuando se nos caen los planes de la casita con el perrito los primeros dos meses porque teníamos una “conexión especial” que será imposible de alcanzar con otros porque a ambos les gusta el café con leche y mucha azúcar o tonterías por el estilo.

He comenzado a dejar de obsesionarme con algunas cosas y ser un poco más libre. Las obsesiones quitan tiempo para leer buenos libros, ver paisajes y escribir artículos. He comenzado a pensar y poner en práctica que el proceso en el que un hombre y una mujer comienzan a gustarse y “echarse los perros” no es más que parte de la vida, una mezcla de intercambio de palabras previamente planificadas, estudiadas y practicadas (en aquello que llaman ensayo y error). Un interés que nace de ver al otro a tu lado en la cama, sin ropa y con ganas. Evidentemente, va aumentando esa “necesidad” creada por la sociedad de compartir tu vida “hasta que la muerte los separe” con otra persona y comenzamos a imaginarnos que estaremos enamorados como el primer día y seremos felices por siempre.

Y es que, no es nada difícil obsesionarte con este tipo de cosas. Las películas, los libros, la familia, la sociedad y hasta los juegos de vídeo (algunos, no todos Gracias a Dios) te dicen: nacer, crecer, enamorarse, casarse, reproducirse, y morir; como si todo eso fuese un proceso monótono que no llevara unos cuantos tropezones y corazones rotos en el camino.

En particular, me puse una tarea: Dejar de obsesionarme por algo más que libros. Debo tener alguna obsesión, así somos los que vivimos con pasión. Sé que probablemente con el próximo me lleve un tropezón, pero también sé que probablemente no sea así. Mientras tanto, sigo sentada frente a mi computadora, con un café y buena música pensando en lo divertidas que nos vemos desde afuera cuando nos obsesionamos. Pregúntense ¿Se han obsesionado alguna vez?

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Escrito por Laura Solórzano

Caraqueña peleada recientemente con su ciudad, buscando motivos que la hagan sonreír en medio del caos. Fascinada por el poder del Social Media y socia de locos que le hacen creer que el mundo puede ser un mejor lugar. Cree en Woody Allen, en la literatura y en la comida. Daría su vida por un buen café y una conversación con Sabina y Fito. Mujer dispuesta a demostrar que la histeria es divertida. Twitter: @LauSolorzano.

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