Mujeres del Siglo 21

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Mi semana con una gata

Quisiera poder decirles que me encantan los animales, que formo parte de un grupo que recoge animalitos en la calle y les busca un hogar para rescatarlos y darlos en adopción, pero no quiero mentirles. También quisiera poder decirles que soy una persona a la que le gusta convivir con otros, que tuve una historia de película y que me adapto fácilmente al mundo cuando me sacan de mi contexto y mi zona “segura”, pero no quiero mentirme. En cambio, les contaré de mi semana con una gata.

Por una semana (y un poquito más) me fui a vivir con una gata y alguien más, así que eso es sacarme de mi zona “segura” y ponerme un mega reto delante, pero acepté como una buena mujer del siglo 21. Sé que los gatos, en general, son celosos y asumí que una gata era mucho más celosa, sobre todo si de la nada aparecía una mujer a invadirle su espacio. Sobreviví a la primera noche porque la gata casi ni me notó, pero al desperar me la encontré ahí, tranquilita, mirándome mujeres del siglo 21fijamente como diciéndome «Levántate, mujer»; yo respiré y pensé «¿Cómo se hace para que esta gata me quiera?». Todo mal, me dije.

En el día todo iba bien, yo me sentaba en e mueble y ella después de olerme pasaba a vigilar cada uno de mis movimientos, si comía alguna fruta entonces ella se me lanzaba encima para ver qué era y hasta me lanzaba las pulseras la piso cuando se quedaba sin comida. A los pocos días se calmó un poco, supongo que se dio cuenta que yo no era una asesina en serie de gatas. Eso o supo que ella, siempre, sería dueña y señora de aquel lugar.

Sin embargo, en las noches la cosa era diferente. Verán, yo dormía en el lado de la cama que tradicionalmente era de ella y pues obvio que Nina, la gata decidía caminar encima de mi y no dejarme dormir, o montarse en mi maleta y tumbar algunas cosas o morderme los pies. Esto pasó hasta que una noche pensé  «mañana me gano a la gata» y así hice.

Siempre me pareció raro eso de hablar con los animales, pero pensé que si todos lo hacían seguro funcionaba. Una mañana comencé a hablar con Nina, le hablaba del clima, de lo que me pondría, de cómo me sentía. Si leía las noticias, entonces se las comentaba porque la gata debía estar enterada de lo que pasara en la región. Vamos, me creí el cuento de hablarle a la gata y pues, le hablaba de todo. Nina y yo comenzamos a hacernos amigas.

Obvio, nada de eso lo noté sino hasta que esa noche, en lugar de pelearnos por la cama, ella decidió que dormiría al lado de mis piernas, sin problemas. Aquella noche fui extremadamente cuidadosa para no patearla y lo logré. Las noches siguientes Nina y yo logramos dormir tranquilas.

En conclusión, si hubo una cosa que aprendí de mi viaje fue a convivir con una gata y con alguien más, que si se les habla a las mascotas, ellas te entienden y hasta te quieren y que no moriré si intento interactuar con otras personas. El secreto está en arriesgarse. Así que como sobreviví a vivir con una gata, ahora me toca no matar a una planta.

Comentarios

Comentarios

Escrito por Laura Solórzano

Caraqueña peleada recientemente con su ciudad, buscando motivos que la hagan sonreír en medio del caos. Fascinada por el poder del Social Media y socia de locos que le hacen creer que el mundo puede ser un mejor lugar. Cree en Woody Allen, en la literatura y en la comida. Daría su vida por un buen café y una conversación con Sabina y Fito. Mujer dispuesta a demostrar que la histeria es divertida. Twitter: @LauSolorzano.

9 Comentarios
  • ¡Me encanto Laura! Solo que yo probé con no matar la planta primero.

  • Yo le hablo a mis gatas, a mi perra y a mi perro jaja y mi pequeño bambu llamado larry jajaj despues de que murio mi primer bambu decidi no asesinar a este tambien así que le pongo musica clasica y le digo todas las mañanas, ¡que guapo te ves larry!, y no me los vas a creer pero ha crecido mucho! esta verde algo le debe de gustar !

    Me encanto Lau! Besos!

  • Seguro es un aparte de tu próxima novela. Muy bien librada tan divinas compañeras de convivencia. Un abrazo.

  • jajaja.. Me encantó! ya te podré prestar a Frida! jajajjajajajaja

  • los gatos son seres mágicos… Casi nadie los quiere a diferencia de los perros que le caen bien a todo el mundo.Tu relato me conmovió
    porque Nina y vos pudieron hacerse amigas y vos supiste cómo cultivar esa amistad… Lo de la planta se soluciona con una planta artificial. Cariños. Ana :)

  • CARMEN FELINA LOPERA VARON 17 October, 2013 a las 4:34 pm

    amo mis seis gatos pero mi experiencia con el bambú no fue buena por que lo metí en la pecera de mi hijo y los peces lo comieron prometo si llego a conseguir alguno lo cuidare

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