Mujeres del Siglo 21

Que hable conmigo

MCDBRAT EC006Luego de cierta edad, los momentos de cordura van y vienen. Para las bisabuelas, se van más de lo que vienen. Hablar es un hábito casi perdido, pero observan absolutamente todo. Ante el agite de los preparativos para mi matrimonio, lo cual causaba un brote indeseado de acné mientras mi figura reducía milímetros (no centímetros), me indicaron que Mamauya -mi bisabuela paterna- quería hablar conmigo. En ese momento, supuse que se le iba olvidar y que en tal caso, carecía de urgencia.

Sin embargo, tras pasar los 75 hace muchos años, todo se permite considerar urgente.. Por ello, el día siguiente en tono regañadiente, mi papá me llamó insistiendo que pase por donde Mamauya, ya que mi abuela lo había llamado a él para recordarme. Claro, cuando mi abuela quiere presionar, envía el mensaje a través de un tercero más impaciente.

A pocas horas, resolví ir a aquel cuartico en la planta de la casa de mis abuelos, cuyo olor era de un coctel de medicamentos que cruzo los dedos no tener que tomar en unos 60 años. Al entrar al cuarto observó que Mamauya se alistó para mi visita. Se colocó pintura de labio y mantuvo el mismo peinado de hace varias décadas (el único que ha conocido mi padre desde que tiene memoria), su pelo totalmente recogido en un moño con una carrera en el centro de la cabeza.

Al sentarme en la silla al lado de su cama donde se encontraba, me tomó la mano y la acarició. Admito que al principio me encontraba ansiosa, pensando en mil cosas y deseando que la visita fuese corta. No obstante, su gesto de cariño me desaceleró y decidí poner atención a lo que me quería decir: « Sofía, ahora que vas por primera vez a los Estados Unidos para tu luna de miel, es importante que sepas algo…», me dijo ella. Al instante, mis pupilas se dilataron, incrédula de que mi bisabuela se propusiera a hablarme sobre intimidades con mi futuro marido. Mamauya, quien puede pasar horas en un evento familiar sin decir una palabra. Se me secó la garganta de la incomodidad, quería huir corriendo de la vergüenza que sentía al no saber que decirle. «Sofía, si pasas por una tienda que diga en su vitrina “SALE”, ¡tú entras!», me exclama ella.

Continuaba sorprendida, y ella sigue diciéndome: «Las rebajas son increíbles. La variedad de opciones son incomparables. Siempre encontrarás lo que necesitas. Tienes que aprovechar». Los ojos de Mamauya se iluminaron de emoción. Me habló de crema agria para cocinar, me pidió pañales de noche, me contó de zapatos de cualquier variedad de colores a precios tres veces más baratos…un sinfín de productos. Cuando le preguntó, « ¿No crees que Ramón me dirá que no? ». Ella responde con una sonrisa pícara, «Usa el arte de persuasión ya que la única restricción válida es la monetaria. Pero recuerda que los hombres SIEMPRE tienen dinero de reserva que tú desconoces. Si no, que hable conmigo».

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Escrito por Isabella Grisanti

Me gusta escribir ficción en primera persona. Soy galla ("geek"), romántica y payasa. Como buena latina, tiendo a subir el tono de voz sin darme cuenta. Mafalda de corazón.

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