Mujeres del Siglo 21

Confieso

A los 23 años de edad puedo decir que me conozco.

Mucha gente se tarda años en conocerse, y sin duda creo que cada etapa atrae un cierto tipo de metamorfosis en uno mismo. Cada persona y toda relación inspira una faceta diversa , pero sin duda la esencia es esa. Somos quien somos.

 

He escrito en el pasado de principios intransigentes, de costumbres que cambian cuando uno se muda, pero no he hablado de los trapos sucios. La razón por la cual nadie debería casarse sin haber vivido con su pareja, la razón por la que muchas decimos mentiritas blancas, la famosa razón por la que la mujer ideal no existe y la literatura de antaño y su figura femenina son claramente un eufemismo de la mujer que nunca existió en tal nivel de perfección.

 

Por eso hoy quisiera confesar, hablar de quien soy hoy, con la esperanza que divulgar ciertas cosas me hagan sentir más ligera, que pueda desvestirme de algunos disfraces y encontrar a aquel que considere que bajo tanto trapo, sigo siendo una mujer bella. Confesaré esas cosas que he descubierto que hago, que soy, que digo, que me hacen posiblemente menos perfecta, pero increíblemente más yo.

 

Confieso que no confesaré todos mis defectos, ciertos espero permanezcan secretos sin divulgar a nadie, otros creo que son parte de lo que hace que una relación amorosa crezca y le reservo el derecho de descubrirlos a aquel que viva en mi intimidad.

Confieso que le doy muchísima importancia al trabajo y lo hago notar, confieso que le doy muchísima más importancia de lo que hago parecer a la familia y a mi deseo de ser una esposa y posiblemente una madre amada. Confieso que no hago ninguna actualización en ningún dispositivo electrónico por miedo a ser demasiado bruta y dañarlo todo. Confieso que en época de mucho estrés, la limpieza de mi casa se ve colocada en segundo plano. Confieso que a veces lavo ropa sólo cuando esa mañana caí en cuenta que no me queda más ropa interior limpia. Confieso que no soy ni seré nunca la perfecta ama de casa. Confieso que soy terca siempre y que me pongo extremamente llorona una vez al mes. Confieso que me gusta atraer miradas y odio pasar por desapercibida. Que me puedo bajar un paquete de galletas en una sentada, que soy incapaz de quedarme acurrucada en cama – necesito levantarme y hacer algo inmediatamente, confieso que soy activa en las mañanas pero igualmente antisocial. Confieso que lloro en las películas, que muchas veces me quedo dormida a la mitad. Confieso que cuando estoy muy cansada o engripada ronco, que cuando era pequeña odiaba el sabor de la pasta de dientes, confieso que duermo diagonalmente en la cama ocupando más espacio del que debería. Confieso que odio un niño malcriado y creo que no tendría la paciencia para lidiar con uno – así fuese mío. Confieso que me gusta más estar en casa que salir, que hago millones de cosas de gente vieja como leer, tejer, hacer crucigramas y jugar scrabble. Confieso que a veces me siento claramente superior a otros, mientras que ciertas otras caigo en una semi desilusión al pensar que soy inferior. Confieso que no soy muy buena para seguir en contacto con amigos del pasado. Confieso que soy más racional que pasional pero que cuando me pega la pasión soy insoportablemente arriesgada. Confieso que bajo la influencia del vino soy demasiado atrevida.

Confieso que detesto la rutina al punto de forzar aventuras cotidianas. Confieso que me muero por un hombre que me haga desayuno en las mañanas, que me abra la puerta del carro y me regale flores.

 

Confieso que soy mujer y que suelo mentir sobre muchas cosas que me hacen ser quien soy por miedo a que mi imperfección me haga parecer menos bella.

 

Quiero encontrar aquel que lea y no se canse, que me conozca y no se canse, que me siga conociendo y no me deje de amar porque no se doblar esquineras. Confieso que creo que esa persona existe. Y estoy segura que por cada defecto que tengo, compenso con una cualidad que me es única y me hace extremamente atractiva a los ojos de aquel que quiera apreciarme como soy.

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Escrito por Camille Brito Reale

Después de haber tenido la suerte de tener unos padres aventureros que me llevaron aunque no quisiera a vivir una vida que no era la mía en un país muy muy lejano, aprendí a ser otro tipo de princesa. Aprendí a ser aquella que ama viajar, ama aprender idiomas, ama comunicar con todos para dejar su granito de arena por todo el mundo esperando que si todos lo hacemos, algún día el mundo no sea más que una gran playa. Amante del trópico, de mi ciudad natal: Caracas, amante de las palabras, de la voz de cada ser, de las imágenes de cada día y las que creamos por diversión; me he vuelto cineasta, que escribe lo que quiere transmitir, toma retratos día a día de un mundo que es mucho más fotogénico de lo que pensamos y se inventa historias de película, esperando que de verdad así sean. Una persona sonriente, con muchísimos principios, por ahí dicen que inteligente pero yo no se, y sobretodo curiosa por siempre saber más. Twitter: @Camille_b_r

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