Mujeres del Siglo 21

bridesmaids 2

¡Me invitaron a una boda!

Con motivo del matrimonio de una gran amiga, que se acerca en los próximos días, quise tocar este tema, porque sin duda que en la mente, y en la vida misma, de una mujer, pasan muchas cosas cuando recibimos una invitación a una boda. Lo primero que hacemos es quedarnos boquiabiertas, ante tal evento. Lo segundo es compartir la felicidad de nuestra compañera con una gran sonrisa y lo último es sentir un poco de envidia (de la sana, pero envidia al fin) porque “todo el mundo se casa menos yo”

Luego de criticar la tarjeta de invitación. Se viene a nuestra cabeza una avalancha de preocupaciones: ¿Cuándo es? ¿Cuánto tiempo tengo para hacer dieta? ¿Qué me voy a poner? ¿Con qué zapatos? ¿Qué cartera? ¿Cómo me voy a peinar? ¡Tengo que depilarme! En fin.

Dependiendo del grado de cercanía que tengas con la novia, debes destacar o estás en la obligación de ir despampanante a la fiesta. Si eres del cortejo, olvídalo, trata de negociar pintarte los labios de un color diferente al resto. En este caso, no hay nada que hacer, sólo apoyar a la novia y hacer la dieta porque vas a salir en millones de fotos.

Si eres amiga cercana, pero no eres del cortejo o simplemente no hay cortejo, pues preocúpate porque vas a gastar la misma cantidad de dinero como si lo fueras. El vestido es el estrés materializado. Una nunca sabe si el vestido tiene que ser corto o largo, el temita con el color de la tela y con el modelo. Para comprar un vestido, tienes que tener o mucho dinero o una buena modista, o ambas cosas. Si lo compras en un centro comercial, corres el riesgo de que alguien más lo tenga. Pedir uno prestado o alquilarlo, son otras opciones económicamente viables.

Luego del vestido, está el tema de los accesorios, que si los zapatos, la cartera, los zarcillos, la pulsera. Por Dios santo, son miles de detalles, sin contar los que generan el mismo día del evento: la peluquería, la manicure, el pedicure, el secado de cabello, el maquillaje. Lo cierto es que los bancos deberían dar micro créditos para asistir a un matrimonio. Todo esto sin mencionar el regalo de los novios.

Después de pasar por toda esta tortura, te toca decidir con quién ir al casorio. Si invitas a un amigo, olvídate de conquistar a algún joven apasionado que se convierta en el amor de tu vida. Si tienes pareja, cero preocupación los hombres se arreglan en 3,5 minutos y se ponen el mismo flux de siempre. Si vas sola, entonces todos los hombres van acompañados y es un hecho que terminarás en alguna mesa con una copa de champaña o bailando paso doble con alguno de los abuelitos de la novia. En última instancia llévate a una amiga para que por lo menos tengas con quién destruir el atuendo de todas las féminas que además esperan el final de la fiesta para quitarse los zapatos.

Honestamente, no estoy tan segura que una invitación a una boda, sea tan buena noticia.

¡Felicidades a mi amiga que se casa pronto!

Comentarios

Comentarios

Escrito por Desirée Rojas Tarazón

Simplemente imperfecta. Twitter: @DesiRojas

Escribir un comentario

cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football kits  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football shirts  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  | cheap football kits  |