Mujeres del Siglo 21

Mentiras Blancas

SECRETHay chicos que te parecen tan bellos que te atontas al hablar con ellos. A mi se me sube un poco la temperatura y cruzo los dedos de que no me esté sonrojando. Me encuentro enfocada en todos sus gestos y en caer bien. La sonrisa me empieza a doler en la cara y me río por cualquier tontería. Cuando un chico así te pide el teléfono y mejor aún, te llama a invitarte a una cita, realmente no puedes esperar un segundo para contárselo a alguien, sea la señora que trabaja en tu casa que casualmente está ese día ahí o la amiga con la cual acabas de hablar.

No titubeé en aceptar una cita para un sábado en la mañana. Pensé:«Qué divertido, algo distinto». El chico me dijo que el requerimiento era zapatos de goma. Tras él buscarme, pregunté a dónde íbamos pero me dijo que era sorpresa. La palabra quedo corta. Luego de 50 minutos en carro, llegamos al destino, una escuela de paracaidismo. Quede boca abierta, procesando en qué me metí. El chico no podía contener su emoción, «Llevaba tiempo queriendo venir, fue genial cuando dijiste que querías hacerlo». Respondí con una tímida sonrisa y traté de recordar cuando fue que tuve esa conversación, «¿Dije eso?».

Decidí llenarme de valentía, o como dicen en criollo, asumir mi barranco. Nunca pensé que la expresión sería tan literal para mí. Al acercarnos a la escuela, nos dirigieron hacia un instructor que se dedicó a darnos una breve explicación de 15 minutos sobre el salto tándem, el cual consiste en engancharnos mediante un arnés con el instructor. El salto en caída libre dura aprox. un minuto más el vuelo en paracaídas por 5 a 8 minutos, pero la duración hasta el momento del salto es más larga. Mis manos empezaron a sudar. Pasaron lista de las personas presentes y tuvieron que decir mi nombre dos veces antes de contestar, “Valentina, Valentina”. El bello me sonríe y le doy la señal de un pulgar hacia arriba, aunque mi corazón empezó a acelerar de nervios.Finalmente, en la puerta del avión me volteó a verlo, y justo antes de saltar al espacio me digo a mi misma «Para la próxima, recuerda: No vale la pena mentir para impresionar, ni que sea George Clooney».

Todos hemos exagerado alguna vez la verdad, sea sobre nuestra habilidad culinaria, nuestra resistencia deportiva o el conocimiento o interés de algo. Sin embargo, unos exageran más que otros y eventualmente nos pasa factura. Yo salté del avión y pegue el grito de mi vida. Agradecí a Dios que el paracaídas abrió. Pero durante el vuelo, concluí que es más razonable ser honesto aunque uno se atonte a veces ante el sexo opuesto.

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Escrito por Isabella Grisanti

Me gusta escribir ficción en primera persona. Soy galla ("geek"), romántica y payasa. Como buena latina, tiendo a subir el tono de voz sin darme cuenta. Mafalda de corazón.

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