Mujeres del Siglo 21

Ser siendo.

sevaletodo‘’ Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos’’ así empieza la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Un comienzo hermoso y justo, que debería consagrar una premisa enorme, eso que las legislaciones llaman ‘’el libre desenvolvimiento de la personalidad’’. Ese precepto que nos permite ser diferentes y estar en paz, siéndolo.

Pero no es así.

Vivimos en un mundo en el que – a base de ‘’igualarnos’’ – todo aquello que se distingue, que se diferencia, que resalta, ‘’que no se parece a lo que alguien considera correcto’’, nos da miedo, es feo, es condenable, es ‘’malo’’. “No lo quiero’’.

También nos han enseñado que ‘’lo distinto’’ no se acepta, ni se celebra: se tolera. Curiosa palabra esa, la “tolerancia”.

A mí la tolerancia me  raya más en el ‘’no puedo acabar contigo, por lo que no me queda más remedio que aguantarte’’. Aguantar, como quién en medio de un vagón de metro atestado de gente y en plena hora pico, no le queda otra que soportar el ‘’tufo ajeno’’.

Este fin de semana – durante una tarde de diligencias – vi a un hombre de unos 30 años con un niño, de aproximadamente tres. Les pinto la escena: un centro comercial a reventar, a finales de marzo, en Caracas. Un papá compartiendo con su hijo. Una escena normal, salvo que el niño estaba vestido con jeans, zapaticos de goma, una franela y una máscara de nosécuálsuperhéroe. Así. No era carnaval, nadie venía de una fiesta temática. El niño, simplemente quiso ponerse su máscara y su papá lo dejó. Y salió orgulloso con su chamo para la calle.

Murmullos, dedos que señalan, gente que critica. En un momento veo al papá conversar con algún curioso que se le acercó a preguntarle por el ‘’look’’ de su hijito: ‘’yo dejo que mi hijo, los fines de semana, elija su ropa. Que se ponga lo que quiera, así aprende a ser diferente y se divierte. A mí no me avergüenza, total, él se ríe un montón’’.

Llegué a mi casa pensando en lo bonito que sería que todos dejásemos tantos complejos y prejuicios y nos levantáramos decididos a ser lo que somos, lo que siempre hemos soñado ser. Abandonar tanta pose y asumirnos. Y que así, poco a poco y sin ruido, se callen los murmullos y los señalamientos se acaben.

Recuerdo vívidamente la primera vez que vi a Tamara Adrián. Recuerdo que al mirarla y escucharla dar un foro sobre el Estado Democrático de Derecho y de Justicia, me pareció una señora simpatiquísima. Una dura. Un mujerón. Días después alguien me contó su historia. Historia por demás conmovedora e impactante. Verán, yo tenía 17 años, acababa de salir de la burbuja de aire que es el bachillerato y quedé en shock. Luego me obsesioné un poco con su vida, con comprender cómo la decisión de una mujer había puesto ‘’patas pa’rriba’’ todo un sistema de creencias. Hoy por hoy, los documentos de Tamara siguen llamándola Tomás. Hoy en día, Tamara no puede acceder a cargos en la Administración Pública para los que está más que calificada, porque el Estado/La Sociedad/ Los Poderosos, no le perdonan a Tamara que un día haya tomado la decisión de quitarse el pene, ponerse tacones y saberse mujer.

Tamara, además, es una vocera activa en la comunidad LGBT y resulta curioso cómo ella ha logrado apoyar e instaurar cambios en legislaciones extranjeras y que este país, donde nació, estudió y ha trabajado gran parte de su vida, es incapaz de reconocerle ese derecho con el que todos nacemos.

Luego de todo esto, un nombre se me cruza por la mente, el de Elizabeth Mia Chorubczyk. No la conocí jamás, sin embargo ella no me resultaba ajena. Gracias a Victoria conocí a esta chica, que había nacido en el 88’ en pleno conflicto del Golfo, allá en Israel, bajo el nombre de Mati Ariel. Effy, como le dicen sus amigos, en el año 2009 comienza a transitar el camino para la reasignación de género.  A diferencia de otros casos, ella jamás se sintió ‘’una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre’’, como escribiría en su diario.

Effy solo quería vivir de una vez por todas su género. Ser  y saberse mujer y a partir de ahí fluir, libre y tranquila.  Elizabeth tuvo que lidiar con un sistema que -además de prejuicios- tiene leyes que, si bien en algún momento le permitieron cambiar su nombre, hicieron muy larga e injusta la batalla para ser aceptada como parte del sexo femenino. En una época tuvo dos pasaportes (el argentino y el israelí) con el mismo nombre y dos géneros distintos. En Argentina era ‘’ella’’. En Israel era un ‘’él’’ con nombre de mujer.

No sé mucho de ella, tan solo sé que la vi en una foto de Facebook blandiendo una pancarta: ‘’No existen dos géneros, solo existe uno: el de cada cual’’ y desde ese entonces la sentí ‘’mía’’. Me uní de una u otra forma a su causa, que no es distinta a la que lucho, que es la de tener la libertad de ser, estar, pensar y vivir de la manera en la que elegimos para ser feliz.

En el 2013, luego de ser una mujer para la legislación argentinapudo acceder a la cirugía, aquella que pondría el punto final al vestigio de hombre que quedaba en ella. Hace menos de un año que lograba ser y estar plena dentro del cuerpo que ella se había creado. En tan solo unos días cumpliría 25 años. Elizabeth, la viva imagen de un temblor que vino a mover al sistema, a rompernos los miedos y los prejuicios.

Hoy, creo que lo más importante de Tamara, de Elizabeth, del niño  que es un Superman a medias, es que nos levantemos un día y salgamos vestidos de superhéroe a la calle y que no haya dedos que nos apunten. Que un día, nos enamoremos y decidamos cambiar de religión y no nos tilden de ‘’hipócritas conversos’’. Que una mañana ver a dos hombres besándose no nos produzca nada. Que dos mujeres puedan tener un hijo y que nadie se burle de ese niño por tener dos mamás. Que tal vez, en un futuro, no quemen niños en Uganda por ser homosexuales. Y que si deseo cambiar mi sexo, mi nombre, mi cuerpo, mis leyes, mis Dios, mi amor,  sea tan normal como hacerse un tatuaje, teñirse el pelo, ponerse falda. Tan normal como cualquier otra forma de ser.

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Escrito por Beatriz "Batita" González

Social Media Manager. Escritora de clóset. Fashionista con sueldo de tercermundo. A veces Batichica, otras tantas una tipa normal. Histérica un par de veces al mes. Adicta a los covers, a las películas en blanco y negro, y a los libros en inglés. Ambivalente y temperamental. Crío pajaritos preñados, mientras escribo sobre como ser una mujer independiente y antiparabólica. Enamorada de la política, del flamenco fusión, de la moda y de los amores imposibles. En palabras de Sabina tengo ''la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta''. Twitter: @Batita_Gonzalez

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