Mujeres del Siglo 21

Virtud numero uno

Y aquí estamos, tu y yo sentados hablando de perseverancia. Virtud que no me quitará nadie porque la llevo marcada en mi mente como si fuera ayer, como si ese famoso libro de las virtudes con pequeñas historias e ilustraciones venezolanas que me hacían entender el mundo como una adulta aunque no lo fuese estuviese en mi repisa.
Era una niña en aquel entonces pero ahora de adulta pienso que más que nunca me caería bien, a mi y a mis coetáneos, repasar ciertos conceptos claves de mi libro. Pero ya no tengo el libro, lo perdí en alguna mudanza, o se habrá quedado estornudando virtudes en aquella repisa que seguro se ha llenado de polvo.

 

Sin embargo en la mujer vencedora una virtud prevale – la perseverancia.

 

Porque nadie te quita una sonrisa de satisfacción, porque nada valdrá más para una orgullosa como yo que tener razón, porque cuando se exige justicia justamente se debe de obtener, porque los años pesan y nos llevan al fondo del pozo, ahogándonos en nuestros pesares – pero la esperanza nos hace flotar. Yo soy perseverante contigo, conmigo y con nosotros porque si no lo soy yo, el mismo destino se rendirá y me quedaré sin final feliz. Y no hay manera de que una mujer actual acepte haberse rendido porque hoy en día los cuentos de hadas loes escribimos nosotras mismas – así que vayan comprando perdices que mientras no nos rindamos, tu y yo, seremos felices.

 

Y si no conoces el poder de una mujer que no se deja vencer, ponte en los zapatos de ella, literalmente, y camina con tacones que aplastan el dedito chiquito como esas maquinas que hacen cubos de los restos de los autos. Ponte tacones que rozan el ardor de la puerta del infierno con la planta y pellizcan tu tobillo para asegurarte que estas viviendo una pesadilla y no te vas a despertar. Esa mujer camina cuadras y ciudades con fuego en cada paso. Jesusito caminaba sobre agua y se creía la gran cosa, imagínate nosotras.

 

 

 

Y mi historia continua porque quiero que sepas que por perseverar me he tragado mi orgullo, he aprendido a decir perdón, y para una mujer con agallas, esto sabe a jarabe para ganglios inflamados. Las mujeres nos tragamos todo, en la vida, en nuestras familias, en el trabajo, en las relaciones y hasta en la cama. Pero con la barriga llena, tenemos claramente un corazón contento. Y no es cuestión de calarnos demasiado y ser ingenuas, es que al final del día la mujer no piensa a corto plazo, piensa en meses de embarazo. Nosotros medimos las cosas por 9 meses porque para ser madre no hace falta tener hijos.

Perseveramos en cualquier proyecto como si lo hubiésemos traído al mundo, no lo dejamos ir hasta que sepamos que estamos todos listos y cada acción, buena o mala, sacrificio mayor o leve, es parte del tetero que lo hará crecer.

No pretendas que una mujer se rinda, porque si te deja ir, si da la espalda a mitad, si se devuelve al encontrar el primer muro, lo más probable es que haya simplemente cambiado de opinión, estimado que no valía la pena, renunciado a crecer con él o a darle vida a tan utópica ilusión. Y a veces me lo pensé, cerraba los ojos y oía mis argumentos como quien escucha a alguien cantar, buscando el tono adecuado y el temblor en mi voz, descifrando si quería darle a este proyecto aquella oportunidad más, perseverar y dedicarme a ser madre de una idea que vi nacer ante mi. Pero mi voz no se quiebra ante argumentos ajenos, porque lo que tengo es ganas y talones con una piel que aguanta kilómetros. No será fácil empezar y experimentar pero yo sé que es hora de darme una razón de ser, y nada mejor que ser madre de su propia identidad y marca en la piel que te distingue de cualquier otro del ganado. Es hora de sembrar perseverancia y ver crecer sueños. No pretendas que me rinda, no pretendas que deserte, que no quiero estar sola, y por ahora mi duende de la virtud me hace compañía.

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Escrito por Camille Brito Reale

Después de haber tenido la suerte de tener unos padres aventureros que me llevaron aunque no quisiera a vivir una vida que no era la mía en un país muy muy lejano, aprendí a ser otro tipo de princesa. Aprendí a ser aquella que ama viajar, ama aprender idiomas, ama comunicar con todos para dejar su granito de arena por todo el mundo esperando que si todos lo hacemos, algún día el mundo no sea más que una gran playa. Amante del trópico, de mi ciudad natal: Caracas, amante de las palabras, de la voz de cada ser, de las imágenes de cada día y las que creamos por diversión; me he vuelto cineasta, que escribe lo que quiere transmitir, toma retratos día a día de un mundo que es mucho más fotogénico de lo que pensamos y se inventa historias de película, esperando que de verdad así sean. Una persona sonriente, con muchísimos principios, por ahí dicen que inteligente pero yo no se, y sobretodo curiosa por siempre saber más. Twitter: @Camille_b_r

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