Mujeres del Siglo 21

09-10-11

Yo le creo más a El Principito.

EF-2135Esto de ser artista es como complicado. No hablo de las implicaciones emocionales inherentes a una vocación artística (está comprobado, al menos por mi psicólogo, que los artistas somos unos sensibles que andamos dramatizando más de la cuenta por la vida), sino de cómo nos tomamos todo tan a pecho, y al final, nos divertimos bien barato.

Me explico: De un tiempo para acá, he pasado de fiesta temática en fiesta temática. La primera, de hecho, fue hace casi un año por motivo de mi cumpleaños. Entre una y otra me he vestido de los 80, me he disfrazado de personajes de musicales y, en  la última, me armé mi disfraz de Maléfica (la mala de La bella durmiente) con todos sus juguetes: cachos, cuello y llamitas moradas para darle más impacto al look.

El asunto con estas fiestas temáticas, es que no es como que mis amigos y yo vamos a ir disfrazados de Yasuri Yamilé, porque no encontramos otra cosa en nuestro clóset. No. Nos tomamos en serio el asunto de disfrazarnos, porque eso es un referente de nuestra creatividad y capacidades artísticas plásticas. Entonces los días previos al evento, todo se convierte en una competencia demente, en un asunto más por el cual complicarnos, porque nuestro disfraz debe ser el más original, el mejor hecho, el que sea el motivo de bocas abiertas durante toda la noche.

Sí, puede que seamos unos infantiles. Pero yo asumo con dignidad la diversión que esto me proporciona. El resto de la humanidad se disfraza en Halloween, y como demasiado en Carnaval (porque eso de mantenerse fieles e nuestras costumbres es pedir demasiado, entonces ahora los adultos comunes sólo se tripean la idea de disfrazarse de matón con puta sexy en una festividad gringa), pero yo tengo la oportunidad de hacerlo de cuando en cuando, y lo disfruto montones.  Me divierto infinitamente con el proceso previo  ─porque cabe acotar que el mérito está en que te montes en ese personaje sin alquilar un traje prefabricado─, me divierte maquillarme, disfruto maquillar a mis amigos y que todos nos armemos nuestros disfraces en la casa, e ir con los vidrios abajo del carro, un día random, mientras la gente nos mira sin entender nada.

maleficaPubliqué varias fotos en Instagram de mi último atuendo, y luego de un rato pensé:  “La gente dirá que soy una inmadura”. Y luego recapacité y me dije: “Mí misma, es mejor creerle a El Principito. La gente mayor es muy aburrida.”. Así que si alguien llegó a pensar que soy una galla por andarme disfrazando a los 27 años, pues bien. Quédese con su maletín y su oficina. Puede que yo sí lo sea, pero me sale barata la diversión. Yo hago teatro, y todos los fines de semana alguien que no soy yo, pero tiene algo de mí, sale a relucir sobre las tablas. Y poder hacer eso fuera de ellas es divino.

Puede que sea una galla, pero al final de la noche anduve con mi corona de mejor disfraz, al mejor estilo Miss, pesando más de 60 kilos, y con un montón de locos que son iguales a mí.

Cada quien con su diversión, pero asumamos con dignidad que cuando nos vestimos de alguien más la pasamos bomba. Creo que el mundo sería más feliz si, de vez en cuando, dejara salir a jugar a ese chamo interno. No tocaríamos tanto las cornetas en plena hora pico, y habría un poco más de amabilidad si con cierta frecuencia nos empatucáramos la cara en una fecha diferente al día de los muertos.  La gente es feliz cuando puede ser alguien más. Y capaz nadie me tildó de infantil. Yo seguiré haciéndome disfraces con lo que tengo en mi clóset. Yo quiero seguir siendo una niña en muchos aspectos. Yo siempre trataré de ver el elefante dentro de la boa.

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Escrito por Patricia Ramírez

Actriz en construcción. Alérgica al drama y protagonista del mismo. Tatuada, perforada y complicada enmascarada. Algo así como una comunicadora social que ejerce editando eventos sociales. Fiel creyente de la ironía y sarcasmo como medio de expresión. Conquistadora intelectual porque no pretende ser miss. Alérgica al tinte rubio. Me saco las cejas cuando me acuerdo y me quito la pintura de uñas cuando ya es demasiado insulto al criterio estético. Pero me baño todos los días y me veo linda. No llevo la ropa apretada por rendir honor al sentido común. Me encantan los tacones aunque no los use. No se me da bien eso del masoquismo corporal (al menos). Fiel creyente del poder de sanación del bolero, el rock argentino y la música española. Amante de los musicales en medidas obsesivo-esquizofrénicas. Fotógrafa intensa de viajes. Intento de locutora. Indefinible más allá del sentido del humor. Y hasta cuchi en madrugadas. Twitter: @Patmirez

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