Mujeres del Siglo 21

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Yo soy mía.

i-m-not-your-princess-and-this-ain-t-a-fairytalePor cuestiones de la vida yo siempre me he levantado a gente acompañada. O sea, gente con alguien al lado, que de repente decide fijarse en mí, porque le despierto algún tipo de bajo instinto. He llegado a pensar que estos seres en cuestión, tienen un fetiche bien raro con las mujeres perturbadas que saben bailar salsa y tambor, y eso lo hace todavía más perturbador/inserte el adjetivo que le parezca más adecuado.

Pues en algún momento de la vida, esas personas -con archivo adjunto incluido- me han dicho que me sienten “ajena” .  Pero resulta que yo no soy, ni he sido, de nadie. Nunca. Eso me llevó a entender, o bueno a reflexionar sobre (el absoluto descaro de alguien ocupado en decir que no me siente de su propiedad) una de las posibles causas de mi inexperiencia en el tema emocional.

Yo llevo un ritmo de vida bien particular, y ese estilo lleno de compromisos varios y horarios poco convencionales se labró gracias a la absoluta falta de conexión amorosa con otro ser humano. Lo que hace que, al mismo tiempo, se me dificulte establecer algún tipo de nexo, porque, básicamente, no tengo tiempo para eso. Y a menos de que sea un actor/director/productor fiel (Ja!), no creo que pueda pasar, por los momentos. No lo decreto, pero en serio dudo que mi horario sea aceptado por alguien a quien le gusta ir a la playa los fines de semana, por ejemplo.

Decía que yo nunca he sido de nadie. Creo que es importante que entendamos eso. A pesar de los 30 años de matrimonio que puedas tener con tu pareja, nunca ha sido realmente tuya. Capaz allí está la clave del éxito amoroso, en entenderse como individualidades que comparten un espacio en común. O como soledades que se acompañan, si queremos ser más intensos.

Sin duda, el contrato tácito de una relación implica una serie de cláusulas (como la fidelidad, el respeto, y todas esas cosas que se cumplen en los primeros tres meses, porque follar es rico y uno tiene que asegurarse ese lomo) que hay que cumplir; sin embargo, nunca eres del otro. Porque ni siquiera eres de quienes te crearon. A mi modo de ver, somos individuos, con deberes que cumplir con respecto a los otros, pero también con la libre potestad de hacer lo que nos venga en gana.

El contrato matrimonial no implica la propiedad de un ser sobre su cónyuge. No es una acción de compra-venta. Es un papelito que te dice que tienes derecho a rumbear toda la noche mientras te ves bella con tu vestido de novia  y a compartir el puff morado de terciopelo que compraron juntos.

A lo que me refiero con  toda esta habladera de hierba seca, es a mi absoluto asombro cuando esta persona en cuestión (cualquiera de las que ha usado la frase) me dijo que me sentía “ajena”. Porque es que ni siquiera fui suya en algún punto. Porque eso no existe en mi vocabulario. Y además ese ser no es mío, porque, coño, está con alguien más. ¿Se entiende el descaro?

Yo soy de mí. Solita de yo. Tengo una familia, soy la hermana de dos “álguienes”, y la hija de otros dos más. Pero eso no me hace de ellos. Incluso, mis consanguíneos tienen la costumbre de preguntar: “¿De quién eres tú?”, con la pretensión de que responda: “De mi papá/mamá/hermanas”,  y siempre digo: “Yo soy mía”.

Soy la amiga de muchos más, pero eso no implica que sea de ellos. Yo no soy de nadie, y espero no serlo nunca. Porque una cosa es que te entregues, pero otra muy diferente es dejar de ser tuya.

Yo soy mía. Y eso creo que nunca va a cambiar.

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Escrito por Patricia Ramírez

Actriz en construcción. Alérgica al drama y protagonista del mismo. Tatuada, perforada y complicada enmascarada. Algo así como una comunicadora social que ejerce editando eventos sociales. Fiel creyente de la ironía y sarcasmo como medio de expresión. Conquistadora intelectual porque no pretende ser miss. Alérgica al tinte rubio. Me saco las cejas cuando me acuerdo y me quito la pintura de uñas cuando ya es demasiado insulto al criterio estético. Pero me baño todos los días y me veo linda. No llevo la ropa apretada por rendir honor al sentido común. Me encantan los tacones aunque no los use. No se me da bien eso del masoquismo corporal (al menos). Fiel creyente del poder de sanación del bolero, el rock argentino y la música española. Amante de los musicales en medidas obsesivo-esquizofrénicas. Fotógrafa intensa de viajes. Intento de locutora. Indefinible más allá del sentido del humor. Y hasta cuchi en madrugadas. Twitter: @Patmirez

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