Mujeres del Siglo 21

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Consejos de una psicóloga

¿Alguna vez se han preguntado el porqué  de tantos divorcios en la actualidad?  ¿Porqué existen sociedades mercantiles que se desvanecen con el tiempo? ¿Por qué la relación con tus hijos cada vez se deteriora más?
¿Cuántas veces hemos terminado una relación amorosa porque “las cosas ya no son como antes”? ¿Cuántas parejas han roto gracias a la frase “eres sofocante”?
¿Por qué seguimos cayendo en la trampa de que darlo todo incondicionalmente arreglará cualquier mal?
La mayoría de los pacientes que vienen consulta, llegan principalmente con alguna de estas dudas en su vida. Y me he dado cuenta que la causa de todas estas cuestiones, radica en el manejo erróneo del concepto de estar en una relación.
Desde pequeños, aprendemos de nuestros padres y de otras personas, que el amor incondicional todo lo puede, que para ser feliz en una pareja debe haber amor de por medio, que quienes aman a otro lo anteponen a él primero, y que si esto no sucede, entonces es una relación fracasada, alguno es culpable de la infelicidad del otro o “esa no era una relación para ti”
Lo triste de todo esto es, que nos creamos una historia feliz que sólo tiene matices blancos y negros, y cualquier degradación al gris es motivo para convertirnos en verdugos de los otros y hasta de nosotros mismos. Porque la duda sobre nuestras emociones y pensamientos  “egoístas”, son pesares que se traducen en culpas y autoreprimendas.
Y al final nos quedan sólo dos cosas: la culpa o la resignación. Culpa porque queremos cosas que no caben dentro de los “esquemas” de una relación (tal como la aprendimos), o resignarnos a cualquier forma de relación en la que estemos, a pesar de no sentirnos cómodos en ella.
Por eso digo, que la mayoría de nuestros males se derivan de este concepto erróneo de estar en una relación, porque la misma no debería ser un calvario (en ninguna de sus manifestaciones) sino una vinculación emocionalmente recíproca en todas sus formas. Y antes de entrar en mayor detalle, me gustaría presentarles una analogía que considero peculiarmente ajustada para tal explicación:
Imaginemos a la relación como una caja, la misma es compartida por tantas personas como haya en la relación: si hablamos de un noviazgo entonces serían 2, si hablamos de un matrimonio con dos hijos entonces son 4 los dueños de esa caja compartida, y así.
En ella, hay tanto espacio como queramos imaginarnos, y cada persona en la relación, puede meter en la misma lo que quiera: amor, deseo, cariños, malos tratos, confianza o…nada. Sin embargo, si alguien quiere sacar algo de la caja, esto debe haber sido introducido en la misma por otra persona.
Una relación entonces debe ser un intercambio de aquellas cosas que quiero conseguir en la caja, así que por ejemplo: si yo quiero encontrar cariño, debo haber introducido antes lo mismo; si quiero encontrar confianza, respeto, tiempo libre con mis amigos, etc, debo haber depositado eso en la caja, para que la otra persona se acostumbre a ese contenido y participe en mantener la caja siempre llena de él.
Si una persona no deposita nada, llegará el día en que quiera buscar algo y no lo consiga, porque el otro no se acostumbró a rellenar con eso su caja. Y si por el contrario, una persona es la única que se encarga en abastecer dicha “relación”, nunca habrá nada para sí misma.
A ambas situaciones, las llamo “relaciones patológicas”, en donde tengo un sin fin de citas para contar, y que lastimosamente suelo encontrar cada día con más frecuencia.
Es por ello que una de las principales cosas que deberíamos de plantearnos en nuestras relaciones es si le queremos dedicar tiempo a “llenarla” y con qué .
Lo segundo a que los invito es a cuidar dicha cajita, y la mejor forma de hacerlo es a través de la comunicación: manifiesten qué les gustaría encontrar ahí dentro, y qué están dispuestos a depositar ustedes mismos; lleguen a acuerdos entre las partes y respeten los límites del otro y los de sí mismos.
Sean sinceros con ustedes y su compañero, y por último: aprendan a quererse y a entender que no todo el mundo está dispuesto a mantener llena una cajita en común, aprendan a despedirse de ser ese el caso, sin rencores, sin resentimientos, pues estarán ocupando espacio valioso de su caja, que luego querrán usar, y las limpiezas no siempre son reconfortantes.
En fin, construyamos cajas con las que nos sintamos a gusto, y desechemos aquellas tan roídas que no sirven ni para guardar recuerdos.
Vivamos felices y aprendamos a abrir “cajas” cuando estemos preparados…
…y a cerrarlas cuando sea necesario.
Daniela.
@Danyfeijoo

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Escrito por Mujeres del Siglo 21

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