Mujeres del Siglo 21

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Con tacones eres otra

frente a los taconesCon tacones eres otra. Ese ha sido el consenso.

Sé que mucho se ha dicho de la relación entre una mujer y sus tacones, yo misma he escrito al respecto. Es cierto que te hacen sentir sexy y femenina, que te impulsan a llevar una caminata felina (o lo más parecido que tus tobillos te permitan), y que mientras lo haces escuchas que suena Do I wanna know? de Artic Monkeys  y tienes un ventilador frente al pelo; pero no es a eso a lo que me quiero referir en esta oportunidad. Hoy quiero poner sobre la mesa un tema que daba por superado hace muchos años, cuando dejé de crecer –y digo «muchos» no porque sea tan vieja sino porque mido un metro y medio.

Ahí estaba yo, saliendo de la clase de yoga con el mat guindado y llevando zapatillas, sumergida en mi teléfono esperando que me vinieran a buscar. Vi de reojo que se acercaba un hombre, subí la mirada y me di cuenta de que era un compañero de trabajo que parecía regresar del gimnasio. Siempre es raro ver a la gente que conoces de ambientes laborales en ropa deportiva, por lo que no me extrañó la expresión en su rostro cuando me reconoció. Lo que sí me extrañó  fue su segunda reacción: abrió los ojos como huevos fritos, se sonrió, me miró de arriba abajo y me dijo «¡Pero qué pequeñita que sos!», mientras hacía el gesto en el aire de quien le aplana el pelo a un niño o a una mascota. Mi reacción inmediata fue recordar una conversación que había tenido con ese mismo personaje sobre la palabra sureña «pelotudo» y su traducción a la jerga venezolana, «webón». Lo segundo fue construir una sonrisa tenue y decirle que sí, que estaba consciente, que este es y siempre ha sido mi tamaño. Él me contestó que con tacones era otra, me picó el ojo y se despidió. No supe a qué sentimiento darle rienda.

¿Debía ofenderme porque se había metido con mi tamaño? No, la verdad es que esa preocupación fue despachada hace años por mi complejo napoleónico, de modo que no valía la pena molestarse.

¿Debía sentirme acomplejada y dejar para siempre de usar zapatos bajitos? Tampoco, nunca usé tacones a menos que fuese a una fiesta, lo hago ahora porque me gusta más como se ven con la ropa de oficina. Sin embargo  nunca fue un problema, de hecho nunca he salido con un chico que mida menos de un metro ochenta.

¿Debía sentirme piropeada? No sabría decirlo, soy terrible recibiendo cumplidos. Lo dejé ir.

Pero la conversación de los tacones salió un par de veces más. Por ejemplo, para las mujeres bajitas no es opción salir a bailar sin tacones, de hecho, si aprendiste a bailar entaconada lo más probable es que aunque no los tengas puestos igual te pongas de puntitas. También sucede que cuando eres pequeñita, digamos por debajo de 1.60 para estándares latinoamericanos, 10 cm hacen una diferencia porcentual muy grande.

Pero la guinda llegó la noche de hoy, de nuevo, saliendo del yoga. Se me quedaron los zapatos bajitos y me dio flojera volverme a poner la falda, así que decidí regresar con la pinta de ensayo de Miss Venezuela: lycra y tacones, de punta dorada para rematar. Al verme mi madre se rio, sacudió la cabeza de lado a lado y me lanzó: «definitivamente, con tacones eres otra gente».

¿Otra gente?, ¿OTRA GENTE?

Uno que se esfuerza para ser mejor persona cada día, que se quema las pestañas para destacarse como profesional, que contribuye con diferentes causas para apoyar esfuerzos que quieran hacer del mundo un lugar mejor, que se despierta a las 5:00 am a hacer ejercicio para mantenerse sana y en forma ¿Y basta con subirse a unos tacones para ser otra gente?

«No, chico, yo como que había vivido engañada –pensé– Qué cuento de estar trasnochándome para escribir y trabajando los fines de semana, lo que he debido estar haciendo es invertir en un clóset más grande con más tacones, más colores, más texturas, más modelos, más centímetros para mis piernas».

Otro paso cumplido en esto de aprender a ser mujer: enterarse de que uno tiene dos personalidades, yo-con-tacones y yo-sin-ellos. Entendido.

 

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Escrito por Amanda Quintero

Economista y escritora. Enamorada de lo público y de pensar en cómo hacer del mundo un lugar mejor. Runner. Twitter: @AmandaIsabel87

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