Mujeres del Siglo 21

De los copos de nieve que caen de tus ojos

Dicen que no hay dos en el mundo iguales. Dicen que caen del cielo sin saber por qué y se derriten al tocar la realidad del mundo. En segundos se desvanecen y se vuelven recuerdos. No hay dos iguales – dicen.

 

A veces nos toca llorar, como a veces ha de llover. Cuando era pequeña pensaba que yo controlaba el clima. Que cada vez que yo lloraba, llovía, porque así funcionaba – o quien sabe, capaz era pura casualidad.

Con intenciones de no ser egocéntrica, empecé a pensar que aquellas veces que llovía y yo no lloraba, alguna otra niña como yo estaba llorando, y el cielo, triste y solidario, dejaba caer gotas de lluvia para desahogar sus pesares.

Ahora de grande sé que yo no controlo la lluvia, y a veces ni siquiera controlo mis lágrimas. Gotas caen por mi rostro y lo más que puedo esperar es que tarde o temprano llegue a escampar. Sin embargo hay algo bello de la lluvia que no se le podrá quitar a ningún alma tropical con un buen recuerdo de un día lluvioso de su infancia. La lluvia trae serenidad al niño que esta en casa, con su percusión natural sobre los techos de lata, y el perfume selvático que se encuentra en ciudad. El caos del trópico, el tráfico infinito, y las medias mojadas – todas cosas que pasan pero nadie te quitará tu sonrisa al salir de tu casa y sentir aquel frescor que necesitabas hace días, hace meses; al ver el verde patio que abraza tu hogar.

Como la lluvia, las lágrimas retratan traumas pasajeros, mientras que cada gota en sí vive su vida al nacer en la esquina de tus ojos y morir en la comisura de tus labios. Y le damos, erróneamente mas importancia a la lluvia que a la gota.

 

He descubierto hace nada que las lágrimas de felicidad microscópicamente no tienen absolutamente nada que ver con aquellas de tristeza, de rabia, de dolor, de nostalgia y de más. Cada lágrima es una historia en sí, y sin embargo, cuando yo te cuento – no sé decir más que “me puse a llorar”.

Quisiera que pudiésemos entender el mensaje tras cada dosis salada que nos ofrece un buen llanto. Que nos sentáramos a analizar la composición de aquello que nos hace hidratar nuestro ser. No creo que al final de la historia valga el haber llorado, como no importa que haya llovido, lo más bello es saber, que tras cada lágrima, tras cada gota, tras cada copo, hay una inmensidad de detalles infinitos que hacen nuestra historia crecer y florecer.

 

A veces nos toca llorar, como a veces ha de llover. Cuando era pequeña pensaba que yo controlaba el clima. De joven pensaba que controlaba mis lágrimas. Con el pasar de los años he aprendido que lo único que controlo es la historia que contar.

 

http://www.lifebuzz.com/tears/#!8tDqO

 

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Escrito por Camille Brito Reale

Después de haber tenido la suerte de tener unos padres aventureros que me llevaron aunque no quisiera a vivir una vida que no era la mía en un país muy muy lejano, aprendí a ser otro tipo de princesa. Aprendí a ser aquella que ama viajar, ama aprender idiomas, ama comunicar con todos para dejar su granito de arena por todo el mundo esperando que si todos lo hacemos, algún día el mundo no sea más que una gran playa. Amante del trópico, de mi ciudad natal: Caracas, amante de las palabras, de la voz de cada ser, de las imágenes de cada día y las que creamos por diversión; me he vuelto cineasta, que escribe lo que quiere transmitir, toma retratos día a día de un mundo que es mucho más fotogénico de lo que pensamos y se inventa historias de película, esperando que de verdad así sean. Una persona sonriente, con muchísimos principios, por ahí dicen que inteligente pero yo no se, y sobretodo curiosa por siempre saber más. Twitter: @Camille_b_r

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