Mujeres del Siglo 21

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El peso de la felicidad

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¿Te acuerdas cuando eras pequeño y el mundo parecía gigante? ¿Te acuerdas cuando media hora era interminable, cuando presumías cualquier minúsculo detalle? Yo sí. Siempre he sido de estatura pequeña y a veces todavía me siento asombrada por la grandeza del mundo. Creo que por ser pequeña aprendí a caminar más rápido porque mi tamaño no valía como escusa para perderme cosas, yo ando por la calle como quien tiene una misión que cumplir, porque mi misión es demostrarme que por más pequeña que sea, algún día ya el mundo no me parecerá tan grande.

Crecí aventurera, crecí soñadora, crecí observadora pero en toda sinceridad, no crecí tanto.
Tal vez en la adolescencia me sentía menos por ser menos alta, pero entendí que en general no se mide la grandeza de una persona por su altura. Y aprendí a ser grande… mas nunca, seré alta. ¿ Y saben qué? No me importa tanto porque mientras otros crecían y superaban alturas físicas, yo me pude tomar el tiempo de apreciar y sorprenderme por cada cosa como cuando era niña.

Otras veces, menos relacionado con las matemáticas y más con la química o física, nos cargan más emocionalmente ciertas personas. Mi mamá le llama “Angel”, dice que cierta gente lo tiene. Que cuando hablan, tu corazón se carga de emoción y de la nada se crea un recuerdo de un momento que años después, estando la persona ausente puede parecer absurdo. Pero esa sonrisa, esa mirada, esa voz ronca y esa caricia maliciosa pesan kilos de felicidad.Los recuerdos que aun mantengo de mi infancia a veces parecen absurdos, escogidos sin ningún patrón lógico y muchas veces me dicen que es que uno se recuerda de algo que le impresionó, y ya de grande- o por lo menos adulta de estatura media que soy- me preguntó : “¿Qué habrá sido tan especial de ese recuerdo? Parece de lo más banal” Y pues no, el secreto de los recuerdos están en el peso sentimental que cargan.
¿Cómo se mide el peso sentimental? A veces como en matemáticas, pesan mas las cosas que se repiten. Un valor dado a una acción viene multiplicado por las veces en las que se repite esta acción y adquiere una carga emocional mucho mayor. Y las tradiciones terminan pesando muchísimo en nuestros pequeños corazones.

También están esos momentos que tal vez con el tiempo pierden color, pero que originalmente eran ricos de sabor, olor y vida. Son aquellos recuerdos de infancia de cuando comías los buñuelos de la abuela, cuando tomabas (los de mi ciudad entenderán) chicha en la placita del hatillo, cuando abrazabas a alguien que no solo te gustaba pero que también olía a amor de juventud.
Pero sin duda alguna, los momentos que más pesan en felicidad son las primeras veces. El primer beso, cuando probaste por primera vez el dulce sabor de un fruto, cuando conociste por primera vez el sol de la playa, cuando por primera vez estuviste despierto toda la noche, cuando conociste a ese primer amor.

 

Dicen que los recuerdos vuelan, y también lo dicen del amor cuando viaja por el aire. Que por más que sea invisible y flotante es palpable. Yo creo que la felicidad pesa, cuando estoy triste yo digo que siento “vacío“, a veces es un hueco en el estomago, una grieta en el corazón, pero siempre es la ausencia del peso de la felicidad la que marca los días tristes. Aquellos días que no serás dignos de ser recordados por la eternidad.
En cambio hoy, para mí es un día especial, hoy nació mi sobrino, a 7 horas de diferencia de donde vivo yo, a kilómetros de distancia. Por primera vez mi hermana es madre, hoy es un día que huele a talco y sabe a dulce, hoy es el primer día del resto de nuestras vidas pero igualmente es el primer día de toda la vida del pequeño Damián. Y a pesar de ese aire invisible que nos separa, sé que sabe a buñuelo recién horneado. A pesar de esos mares profundos que nos dividen yo siento que hoy, este recuerdo, pesa cuatro kilos y medio de felicidad.

 

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Escrito por Camille Brito Reale

Después de haber tenido la suerte de tener unos padres aventureros que me llevaron aunque no quisiera a vivir una vida que no era la mía en un país muy muy lejano, aprendí a ser otro tipo de princesa. Aprendí a ser aquella que ama viajar, ama aprender idiomas, ama comunicar con todos para dejar su granito de arena por todo el mundo esperando que si todos lo hacemos, algún día el mundo no sea más que una gran playa. Amante del trópico, de mi ciudad natal: Caracas, amante de las palabras, de la voz de cada ser, de las imágenes de cada día y las que creamos por diversión; me he vuelto cineasta, que escribe lo que quiere transmitir, toma retratos día a día de un mundo que es mucho más fotogénico de lo que pensamos y se inventa historias de película, esperando que de verdad así sean. Una persona sonriente, con muchísimos principios, por ahí dicen que inteligente pero yo no se, y sobretodo curiosa por siempre saber más. Twitter: @Camille_b_r

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