Mujeres del Siglo 21

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Una princesa venezolana

smile_for_the_camera_by_bri_chanPor razones que todavía no tengo demasiado claras, a mis hermanas y a mí nos dio por comenzar nuestra colección de películas de Disney. El fin de semana pasado nos pusimos manos a la obra y compramos las que logramos conseguir.  Porque somos unas niñas Disney, y somos bien cursis, y nos gustan las princesas. Y yo, particularmente, me sé todas esas canciones, y no me da pena admitirlo.

Como consecuencia, hemos dedicado los fines de semana a la visualización de las obras del amigo Walt que tenemos en nuestro poder. Para mi sorpresa, me siento absolutamente estafada y burlada. Sobre todo por las primeras. El ideal de cada princesa es conseguir a un príncipe azul (menos Tiana, que es un evidente intento por modernizar los cuentos de hadas para hacerlos más cercanos a nuestra época), y eso no es sorpresa.

No me parece una estafa que todas tengan finales felices (menos Pocahontas, a quien sí entiendo, porque yo también me bajo las enaguas por un tipo con acento, y al final me quedo sola despidiéndome en el borde de un precipicio), lo que me parece insólito es que esas princesas sean tan pangolas y crean que el mundo es así de bonito y que la maldad no existe.

Si esas princesas fuesen venezolanas, en primer lugar, jamás en la vida estarían en medio de la naturaleza, solas. Porque ninguna mujer sube sola al Ávila, a menos que se quiera llevar un susto. En caso tal de que decidiera cometer tal locura, en lo que se le apareciera un total desconocido, no se pondría a cantar con él.  ¡Qué va! Lo más lógico es salir corriendo, gritando que la quieren atracar, o que es una piraña roba pelo.  Porque evidentemente, una princesa venezolana tendría su cabello bien largo y planchado, incluso si es para subir al famoso cerro caraqueño.

Una princesa venezolana no andaría en una onda de “quiero un hombre que me quiera y me dé un beso de amor para despertarme de este sueño profundo en el que me hizo caer mi malvada madrastra”; no. Una princesa de este país le mandaría un mensaje de texto al personaje en cuestión averiguando si baila salsa, merengue o tambor, para luego actuar en consecuencia. Lo stalkearía en Facebook y probablemente conocería de referencia a la princesa anterior con quien el príncipe estuvo chanceando.

Una princesa venezolana no estaría llegando a fiestas en calabazas convertidas en carrozas. Es más, ni siquiera llegaría antes de las doce, porque eso de llegar a freír tequeños no es de gente cool.  O bueno, capaz la fiesta nunca se daría porque habría un apagón nacional. La princesa en cuestión, llegaría después de la hora fijada de la bailanta, mucho después, con par de amigas para que la vean conquistar la noche en tacones de más de 10 centímetros.  Y, claro está, el hada madrina de una princesa venezolana siempre sería una peluquera.  Las hadas madrinas nunca perderían su empleo en este país.

Modern_Day_Princesses_by_Anime_RayUna princesa venezolana no andaría dependiendo del caballo blanco del príncipe, andaría a pie y le armaría su escena si se le ocurre llegar tarde a la cena que pautaron con una semana de antelación.

Yo amo a las princesas de Disney. De verdad que no me da pena admitir que puedo cantar las canciones de  La Sirenita de atrás pa’ lante.  Sin embargo, haciendo esta hipótesis de una venezolana como protagonista de una película de la famosa máquina de sueños, me doy cuenta de que mis coterráneas también caen en el cliché, y mucho más desde que ahora “todas somos misses”  y estamos buscando una corona a como dé lugar, gracias al fulano reality.

Yo creo, en todo caso, que sería un poco más como la Bella. A ella aunque sea le gustan los libros. Pero debería existir una princesa latina, actriz, que se busque la fortuna y que sea rellenita. Ya pedirles que sea de sexualidad abierta es demasiado. Pero ahí sí que se romperían muchos paradigmas.

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Escrito por Patricia Ramírez

Actriz en construcción. Alérgica al drama y protagonista del mismo. Tatuada, perforada y complicada enmascarada. Algo así como una comunicadora social que ejerce editando eventos sociales. Fiel creyente de la ironía y sarcasmo como medio de expresión. Conquistadora intelectual porque no pretende ser miss. Alérgica al tinte rubio. Me saco las cejas cuando me acuerdo y me quito la pintura de uñas cuando ya es demasiado insulto al criterio estético. Pero me baño todos los días y me veo linda. No llevo la ropa apretada por rendir honor al sentido común. Me encantan los tacones aunque no los use. No se me da bien eso del masoquismo corporal (al menos). Fiel creyente del poder de sanación del bolero, el rock argentino y la música española. Amante de los musicales en medidas obsesivo-esquizofrénicas. Fotógrafa intensa de viajes. Intento de locutora. Indefinible más allá del sentido del humor. Y hasta cuchi en madrugadas. Twitter: @Patmirez

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